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De arcilla y barro, somos entraña ©

  • May 28, 2016
  • 2 min read

Tengo una tristecita alebrestada;

sobre sí misma se arremolina,

rehilete, viento y aspas desarma.


Tengo una tristecita alabastrada,

blanquísima, traslúcida, canica de agua,

prismática, de aristas biseladas.


Tengo una tristecita que deja herrumbre,

con la piel vieja, delgadita y arrugada,

el cabello como plata, aterronadita la cara.


Tengo una tristecita que es derrumbe,

acantilada, vertical, honda y estrecha;

vértigo puro cuando me asomo y ella acecha.


Tengo una tristecita que se alumbra,

que rompe aguas, que se pare, se desgarra;

acuna placenta y cría, sola amamanta.


Tengo una tristecita que se abruma,

que se hace nube y se rompe en niebla;

dique de meteoros y estrellas lejanas.


Tengo una tristecita que es muy incierta,

nadie más que yo sabe de su existencia,

ella se esconde, pero punza y pifia inquieta.


Tengo una tristecita que está desierta;

sólo semillas de dátil secas y una palmera

le brindan sombras, largas y grises de pura arena.


Tengo una tristecita que se me encarna

en un costado, como huesito de mi cadera;

si hace frío me duele un poco y ella se esmera.


Tengo una tristecita que me reencarna,

que nació añeja junto con mis ancestras

vino conmigo así, sin más,sin que lo pidiera.


Tengo una tristecita que me atormenta;

jarrito de barro antiguo, seca y sedienta,

Árida herida que si no lluevo se me hace grieta.


Tengo una tristecita que se atormenta;

embravecida aluza todo, todo lo incendia;

deja astillas en el rescoldo y huele a menta.


Tengo una tristecita que se me ofrenda

y a la que ofrendo incienso, flores y velas,

cuarzos de agua y mi sangre, cada mes hecha sirena.


No se preocupe si en el sendero me ve llorando:

camino así cuando hace falta y no hay condena:

mi tristecita es ya muy mía y soy yo muy de ella.


No nací triste, sólo soy de una tristecita la dueña;

y cuando lloro, aunque no parezca, lo hago contenta;

llorar me cura, por eso dejo a la tristecita un poco suelta.


La tristecita de la que le hablo me acompaña,

ella es de arcilla, yo soy de barro: tenemos agua,

tenemos llanto, tenemos sangre, somos entraña.




 
 
 

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