Malos sueños ©
- Oct 13, 2010
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Antes de estar aquí encerrada, no sabía que mis noches tenían casas derruídas, calles de polvo con esquinas sin faroles ni semáforos; soñaba agua, mares calmos donde no había barcas, ni restos de naufragios. Dormía como una bendita, con la ventana de la conciencia cerrada: vitral azul y blanco, filtro sereno con luces de cuarzos rutilados. Sin pueblo, las horas nocturnas se mecían al ritmo del viento que pasaba ni cálido ni frío entre hojas verdes de árboles flotantes, islas enramadas por las que a veces el sueño se descolgaba: iba a las orillas a mojar los pies en mareas heladas, a traer de vuelta líquenes húmedos para vendar el corazón herido de luna, sangrante del alma. Nada más pasaba, las tragedias eran sólo el guiño de una noche oscura que juega al espanto como los niños a los fantasmas: sábana blanca, gritos, risas, resucitar en el susto de la falta de mañana.
Ayer vi la ciudad. Donde había agua emergió el desierto, avenidas, monumentos, aceras, puertas, muros, fábricas. La calle inevitable que se cruza rápido con temor a quedarse en ella inmóvil, llena de angustia por no saber en dónde se ponen las manos cuando se cae de bruces sin haber tropezado. Vi ejércitos de niñas con guantes en las manos, acariciaban la noche rumbo a su jornada. Vi cruces arropadas por mujeres, lloraban. Vi huesos. Había una tabla con restos de cera, sólo mis muertos le rezaban.
Habrá que demoler la ciudad, correr a los fantasmas que la construyeron, vender la franquicia del horror, de los malos sueños. La civilización enferma, dibuja el destino en mapas, trayectos que son sepulcro, esculturas de la intención, huellas de ausencia. Prefiero los naufragios: flotar, crear arrecifes, ir con las corrientes, mover la vida, reconstruir el desierto líquido, ser marea sin brújula, viajera sobre un bosque hundido en la noche, sin casas ni calles con esquinas, sin polvo, sin mujeres destazadas.
Mis noches de urbe onírica tienen crímenes, pero la nota roja del único periódico repite siempre la misma historia: "descorazonada, caminó hasta sí misma, dice que busca el cauce de un mar perdido, que va a la playa. Lleva una tabla con restos de cera y sangre... va rumbo a casa".



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