Quiromancia ©
- Aug 12, 2010
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Los que saben, dicen que Venus se alza en los pulgares, frente a la Luna que ha de tener raíces porque se sostiene apenas en el costado interno, abajo, como si hubiera nacido menguante en la mano y deslizara su luz hacia el abismo de la articulación.
En el índice, Júpiter, hijo de Cibeles, señala el camino, pero es más corto que Saturno y como herencia del Cielo nos deja perdidos, sin rumbo, en medio. Con el Sol, la palabra amén se aloja en el anular, fin de la voluntad humana, principio de algo divino. Mercurio, metálico, líquido, alquimia, ¡voilá!: ¡se volvió melaconlía el olvido!
Por eso borré el destino que surcaba la palma de mis manos. Enterré la navaja entre la línea de la vida y la del corazón; yo sólo sé vivir a fuerza de víscera, no entiendo el llano que se forma casi insalvable entre ambas cosas y miro curiosa los montes astrales que hacen del sino cuenca cuando recojo los dedos para ver, por fin, una laguna roja. La suerte está echada, vital se desangra. Sonrío, será que entre tantas marcas extravié el hilo que conducía la razón. Me destino.



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