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Éntasis ©

  • Jun 1, 2011
  • 1 min read

El alma es una piel ligera como de gasa, lo sé porque la siento cuando se da la vuelta, cuando se hace remolino.


Inicia en el fondo del ombligo; justo por debajo de la costura principal que se desprende se forma un hoyo que atrae el resto hacía sí. Poco a poco se van soltando los hilos de las extremidades, se desalman despacio, descubriendo cada milímetro de entraña. Galaxia de tela que se hunde en el cuerpo interno y empieza a ser sólo abismo; antes se tocaron útero y corazón, intestinos y garganta.


Se va. Queda el instante vacío. Éntasis.


Luego, con la brevedad de una pirueta se vuelca, hace un doblez: equilibrista en el aro de la oquedad primigenia, cuelga al revés y asoma una punta que podría ser muy bien la de un pie. Vuelve al cauce como el agua del río que salva los diques; se tiende, estirándose hasta la última esquina del ser donde cose de nuevo los bordes; antes se tocaron garganta e intestinos, corazón y útero.


Vuelve. Llena de instante el vacío. Éxtasis.

 
 
 

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